25 mayo 2012

Enamorado

Hace más de tres años leí un relato que me ayudó a abrirme a nuevas experiencias menos prejuiciosas hacia la mujer.

Yo era un tipo iluso, un tipo de esos que cree que el amor es algo más que un sentimiento, es un proyecto de vida. Andaba con el corazón en la mano, cosa muy poco higiénica y no por el sentido alegórico de la frase, sino por la falta de prevención que tal práctica conlleva. Un rostro bello, una sonrisa encantadora o unos ojos grandes, hacían volar mi imaginación y me ilusionaba; yo era de los que primero miran a los ojos, cosa poco común entre los de mi sexo, ¡me habían dicho tantas veces que la cara es el espejo del alma!. Sin embargo nada me salía bien y al poco tiempo las ilusiones del filo coronario eran derrotadas por las realidades del filo de la vida.
Un día fui a una fiesta. esas fiestas donde nadie se conoce y todo el mundo espera encontrar compañero de cama, psiquatra o cocinera y en las que los ilusos, es decir, los gilipollas, creen que pueden hallar la mujer de su vida. Al cabo de media hora había recorrido los rostros femeninos en busca de la princesa prometida. Entre volutas de humo, caras desencajadas por la bebida, rímeles descorridos y carmines compartidos, la anduve buscando. Sin éxito.
Al fondo de la estancia alguien me observaba. Estaba sentado en la butaca con un vaso en la mano, observándome. Era alto, puesto que desde su poltrona extendía unas interminables piernas sobre el piso; complexión atlética y porte distinguido, mantenía la corbata en el cuello pese lo avanzado de la noche. me acerqué a él y pude comprobar que se trataba de un hombre maduro, todavía atractivo; me sonrió. Iniciamos una conversación banal que pronto se convirtió en un interesante diálogo sobre todo lo bueno y lo malo, lo terrenal y lo espiritual. Seguimos hablando ajenos a la juerga que se desarrollaba a pocos metros. Cuando llegamos al tema de los estados civiles él me dijo algo sorprendente; enamorado. Le pedí que lo repitiera. Enamorado, respondió. Ni casado, ni soltero, ni comprometido, ni libre, simplemente, enamorado.

- Ya, pero tendrá pareja- respondí interesado.
- No, en este momento no- dijo mientras apuraba el contenido del vaso.
- Entonces, ¿le ha dejado? -'pregunté, imaginando haber encontrado otro miembro del club.
- No, no - dijo sonriendo. - Me explicaré. Yo andaba como casi todo el mundo en la búsqueda del amor ideal, hasta que descubrí que el amor es un estado de ilusión tan perfecto que decidí hacerlo propio, intrínseco.
Retrocedí, no cabía duda que estaba ante un narcisita. No obstante aquello me divertía y como no tenía otra cosa mejor que hacer seguí preguntando:
- No será usted un hermafrodita - le dije en tono de broma.
- No, amigo, no y sin embargo sí hay algo que liga con la historia de Hermafrodito, el hijo de Hermes y e Afrodita, seducido por la náyade Salmácide, espíritu de aquel lago donde se convirtieron en un solo ser. Esa conexión entre la mitología y mi filosofía tiene idénticas protagonistas: las aguas.
Puse cara de bajar de la higuera, en realidad no entendía nada.
- Verá, joven - prosiguió- Cada día, en cada momento, me siento enamorado, con esa predisposición de compartir con alguien el amanecer, una puesta de sol, la risa de un niño, la última tontería de los políticos, la baguette y el café con leche. Y en cada momento, para mi fortuna, hay alguien con quien hacerlo. En algunas ocasiones se trata de la pareja; en otras, de mujeres importantes en mi vida y en muchos casos, de la compañera ocasional en el autobús, de una vecina o interlocutora del servicio de información. No se trata de que me enamore de cada una de ellas, es mi estado natural.
-Prosiga, se lo ruego, es un tema que me preocupa hace tiempo... digamos que desde los tres años - le dije, sin tratar de hacer un chiste.
- Probablemente desde antes- respondió él. - Las mujeres, y no es un pensamiento exclusivamente mío, son la sal de la vida. Pero para mi son las aguas. cada una de ellas es un torrente, un arroyo, lago, río, mar u océano. Incluso lluvia; todas son agua y por tanto imprescindibles en la vida de un hombre. Son, como el líquido elemento,necesarias, vitales.
-Bonita parábola, ¿pero eso que aporta?.
-Todo, jóven, todo. Su búsqueda del amor perfecto, que adivino en su desasosiego, está absolutamente equivocada. Como casi todos los hombres de la relación con el otro sexo esta muy desencaminada y no me venga usted con eso de que no hay quien las entienda o de que no saben lo que quieren. El error de los de nuestro género estriba en nuestro ancestral instinto cazador; no percibimos almas, vemos trofeos, piezas a las que abatir, batallas que ganar, cimas que conquistar. Por eso anteponemos el deseo a todo lo demás, por eso existe tanto bruto.
-¡Claro! Es de sobras sabido, incluso creo que está científicamente demostrado, que el concepto y la necesidad sexual de las hembras de cualquier especie es distinto al de sus congéneres machos, su prioridad es la de la reproducción no la del goce.
-¡Que barbaridad más grande!- dijo mi interlocutor, depositando el vaso en el suelo.
-Esta es una estúpida teoría elaborada por ignorantes. No soy zoólogo y no puedo hablarle de los instintos animales con conocimiento de causa, tampoco antropólogo y no pretendo disertar sobre el holismo; sin embargo, soy humano y militante de la Humanidad y sí puedo contarle mucho sobre sentimientos. los ancestrales conceptos científicos han cambiado con la evolución del ser humano y de una forma más evidente en la mujer. Para conocerla es imprescindible saber cuál es el origen y cómo piensa. Y le aseguro joven, que toda fémina tiene su alter ego en las distintas manifestaciones acuosos de la naturaleza. Ellas son y gozan como las aguas.
- Sigo sin entender- respondí, mientras me acomodaba en un sillón frente al de mi interlocutor.
- Todos somos agua, nuestro cuerpo en su mayor parte es agua, de las aguas surgimos y sin las aguas pereceremos. No obstante hay que distinguir, el hombre es continente y la mujer contenido. El primero trata de cercar para su uso, disfrute, contemplación o reserva a la segunda, La mujer por su parte es agua viva que fluye, se desparrama, moja, inunda, riega, baña y empapa.
- O sea, nosotros somos pantano y ellas nivel.
- Algo así; nosotros somos cerco y ellas libertad. Su ejemplo es muy ilustrativo, él es retención, cree que inmoviliza y domina al agua y sin embargo es ella la que acepta su confinamiento para poder saciar un sinfín  de necesidades: familia, hogar, trabajo y cama; pero cuando la lluvia arrecia y el pantano se llena, todo se desborda y solo hay dos soluciones: o abrir las compuertas o esperar que el pantano se resquebraje.
-¡Caramba como me lo pone! ¿Y eso qué tiene que ver con su estado civil?
- Mucho, yo ya he llegado a la conclusión que le he contado y por eso ni quiero ser cazador ni dique, pero tampoc presa en su doble acepción. Me dejo llevar por el remolino de las aguas, me predispongo con mi estado natural y me dejo llevar. Le aconsejo que haga usted lo mismo. Mírelas como una manifestación líquida y se sorprenderá de descubrir, en cada una de ellas, la fuente de la vida...y la de la juventud.

2 comentarios:

iris dijo...

Sublime,¡ BRAVO Carlos!,de lo mejor que he leido en mucho tiempo...be water my friend,jajaja. Recibe un gran beso acompañado de un cálido abrazo.

añil dijo...

Estoy encantada de haberte conocido.
Gracias por tu visita y permiso para visitarte.

Un beso